Entrevisto a Castejón, de 97 años. Ex-aviador republicano en la Guerra Civil y preso en campos de concentración alemanes

Aviones de combate durante la Guerra Civil Española.

Desde hace años sabía que en mi pueblo había un anciano, muy anciano, que había luchado en la Guerra Civil, pero nunca lo había visto en persona y nunca había hablado con él. Hoy, esta tarde, hace unas horas, ha sido posible.

Hoy he tenido el honor de entrevistar a Castejón, de 97 años (solamente), y que está casi más joven que yo. Ha sido aviador republicano en la Guerra Civil y estuvo preso en campos de concentración nazis, por no decir que ha vivido toda su vida en Francia, exiliado… de ahí su acento francés y sus expresiones y respuestas cortas en la lengua gala. Los que lo conocemos sabemos que es así.

Grabé la entrevista en vídeo, pero de una calidad muy mala debido a la luz que tenía. Algún día puede que os lo muestre, pero de momento no. Ahora, lo que sí he hecho ha sido escribir la entrevista de principio a final. Todo lo que él me ha contado aparece redactado abajo.

El hombre es historia viva de España.

Entrevista a Castejón.

¿Cuántos años tiene usted?

Yo tengo 97 años.

¿Cuántas guerras ha visto o vivido usted?

Yo he visto 2. He hecho la Guerra Civil contra Franco, en la República Española, y la “Gran Guerra”.

Yo tenía 20 años cuando “me llamaron de servicio” y fui soldado, como todos. Luego me pasaron exámenes en Cartagena, para ser cabo. Hice exámenes y fui cabo, porque sabía leer y escribir. Pertenecí a la 108 Brigada Mixta. De Cartagena salimos hacia Extremadura, a los frentes de Extramadura. Allí no dimos ni un tiro siquiera.

En Extramadura nos acogieron. Eran todos muy nobles, muy simpáticos y muy buenos camaradas. Allí vivimos en las casas donde los paisanos nos quisieron recibir. Estuvimos como 6 ó 7 meses así. Poco después llegó una orden y tuvimos que partir hacia Aragón.

En Aragón había un problema, y es que no existía el dinero para comprar. Allí había un tipo de dinero distinto, una cartilla que nos daban los de CNT/AIT. Quitaron las pesetas, y todo se compraba con los “vales”. Nosotros éramos militares y no comprábamos nada, porque teníamos de todo, pero aprendimos de la gente que vivía sin dinero. El que era un poco más “curioso”, pues sí, iba a tiendas y otros sitios, pero allí tenías que hacerte cuenta de que el dinero no existía.

Allí llegó una orden para irnos a luchar a Brunete, a “la ofensiva de Brunete”, entonces yo ya era Sargento de Transmisiones de la 108 Brigada Mixta. Llegamos de noche a El Escorial, con unas lluvias enormes, un barro enorme. Íbamos en fila, eran las 4 de la mañana y un barro que nos llegaba a las rodillas, pero en fin, éramos soldados militares y hay que hacer caso a los superiores. Así llegamos hasta los muros de El Escorial, y allí como pudimos pues paramos, con las lluvias que caían y demás. Después ya nos instalamos en Brunete, a defender Brunete en las trincheras. Allí hubo grandes batallas.

En Brunete, te voy a decir una cosa que no se olvida nunca, vi mi primer muerto. El primer muerto que yo veía en toda mi vida. Fue en una carretera, había 7 u 8 soldados muertos, y hay uno que sí que no se me olvida porque tenía el cráneo “levantado”, y los “sesos” se le veían. Cuando tú no has visto nunca un muerto, nunca en tu vida, y ves tantos juntos y uno de ellos así, eso no se olvida. Además, los que vamos a la guerra teníamos la barba muy larga, porque no nos podíamos afeitar, y nuestros pelos de la barba estaban muy largos y muy duros, por lo que esos muertos estaban de muy mala manera.

A usted no se le olvida esto, pero de eso hace ya mucho tiempo…

Hace ya más de 70 años. A mí esas cosas no se me olvidan, no. A nadie se le olvidarían.

¿Eso fue al principio de la Guerra Civil, no?

Sí, fueron los 8 primeros meses de la guerra, y la guerra duró más de 3 años. Yo todavía era militar de tierra, y después fui aviador… pero eso es después.

Yo en esa época, en las ofensivas que Franco declaraba, yo era “teléfono”. Yo llevaba una caja con un teléfono antiguo y “los cables arrastrando”, e iba siempre con el comandante. Cuando él quería mandar una noticia al Estado Mayor, yo cogía el teléfono y lo comunicaba. Entonces, si la ofensiva se declaraba los soldados nos tirábamos al combate… tampoco eso se olvida.

Mi comandante, el comandante de mi compañía, era Guardia Civil, y me dijo: “Castejón, coge el teléfono y acompáñame. Y así fue”. Te contaré una cosa, yo pensaba todo el rato “¿cómo es que este hombre no está muerto?”, porque él estaba siempre de pie. Nosotros estábamos siempre en el suelo, y él de pie. Las balas le pasaban por un lado y otro, y mientras que nosotros, chavales de 20 y 21 años estábamos arrastrándonos por el suelo para que no nos dieran las balas y aun así nos daban, él estaba siempre de pie. No tenía miedo. Te preguntas muchas veces: “A este tío, ¿cómo no lo han tirado abajo?”.

Bueno, la ofensiva sigue y entonces empezaron a llegarnos heridos. Esto sí que no se olvida, cuando viene un compañero tuyo con una “pata” menos, otro con la mitad del pecho fuera, otro con los brazos heridos… y con unos gritos y unos llantos, que se oían a kilómetros. Qué desgracia más grande. Nada de esto se olvida nunca, por muchos años que vivas. Se mete dentro de tu alma.

Allí, mi teniente que sí tenía miedo, a diferencia de mi comandante, decía que una bala le había tocado el brazo, pero a mí me parece que no. En el disturbio que había él se escapó, y yo me tuve que hacer cargo de la sesión de transmisiones de la 108 Brigada Mixta. Yo tuve que telefonear al Estado Mayor y decir que el teniente ha desaparecido porque una bala le ha tocado el brazo y ha tenido que ir a El Escorial a curarse… ya no lo vi más. Entonces me nombraron a mí encargado de la sesión de transmisiones y yo no hacía más que pasarles las noticias de las tropas enemigas que venían hacia nosotros, los carros de combate, y de decirles que venían a por nosotros a hacernos prisioneros.

Una vez teníamos un tanque a 10 metros, y yo cumplí mi deber de coger el teléfono y avisar de ello, cuando estaban apunto de hacerme preso, con el cañón apuntándome. Nosotros estábamos en una trinchera, y el comandante me dijo que rompiera el teléfono y que me fuera. Yo “le metí 2 piedras” y “cogí la fuga”. Nos fugamos muchos.

Por la noche íbamos gritando “¡la 108 Brigada Mixta, la 108 Brigada Mixta!”, para ver si alguien nos oía y podíamos reunirnos, y así fue. Nos reunimos y nos juntamos todos.

La ofensiva se paró y nos fuimos a Villanueva de la Cañada, a “reposarnos”. Cuando estábamos allí salió una orden de que todos los jóvenes que quisieran ser aviadores, que se presentaran en el estado mayor. Y yo me apunté.

¿Pero usted ya había tenido algún contacto con la aviación o había pilotado antes?

Nada, yo no había tenido nada. Yo hasta ahora sólo era sargento en el ejército de tierra. Esto fue una orden que pasó a todo el mundo, no a mí solo, y yo me presenté.

Cuando me presenté, un teniente me examinó en el Estado Mayor. Allí me dijeron que si conocía el firmamento de las estrellas, y cómo orientarme por las estrellas, y eso. Yo ya le dije: “Mi teniente, a mí en la escuela no me han enseñado nada de eso”, así se lo dije. El teniente se cabreó y me denegó.

15 días después volvió otra orden, entonces volví a presentarme. Yo lo hice, más que nada, para poder ir a Madrid y poder “quitarme de las trincheras” un tiempo.

De mi brigada se apuntaron 7 u 8, y fuimos allí juntos. Todos los que íbamos menos yo eran “hijos de bien”. Sus padres tenían muchos amigos y estaban convencidos de que iban a ser admitidos. Mis padres, en cambio, no tenía amigos ninguno. Desgraciadamente, yo no tenía nada. Ahora, lo que ellos no sabían es que los que estaban allí visitándonos, 17 médicos profesores, eran casi todos extranjeros y no necesitaban amigos, sino jóvenes fuertes y sanos.

Nos presentamos más o menos 500 y nos hicieron exámenes de geografía. Nos dijeron que pusiéramos los 10 ríos más grandes de Europa, y yo puse 8. Nos pidieron también 10 montes altos de Europa, y también puse 8. Yo iba muy fuerte en la escuela, me gustó siempre mucho la geografía. También nos pidieron que escribiéramos un texto, una redacción en una hoja blanca. Yo ya no me acuerdo de lo que puse, pero llené la hoja, la entregué y me fui. Nos dijeron que nos presentáramos a la noche siguiente a ver en el tablón los que habían sido aceptados.

A la noche siguiente allí estuvimos toda la juventud, esperando. Yo me acerqué al tablón y vi mi nombre el primero. Grité de alegría. Yo no pensaba en la vida que iba a ser aviador, y mucho menos porque todos los demás “iban de enchufe”. Yo todo lo he hecho siempre solo. Todos esos regresaron a la brigada, y yo me fui de aviador.

Una vez pasado el examen cultural teníamos que pasar el examen físico. No me acuerdo los que habíamos, pero entrábamos al aula de 30 en 30, o por lo menos en mi grupo fuimos 30.

Entrábamos desnudos, completamente. Había 18 médicos del extranjero que nos veían de arriba a abajo, si estábamos “correctos”. No nos hablaban, pero por los gestos que nos hacían sabíamos si pasábamos o si nos dábamos la vuelta y volvíamos por donde mismo habíamos venido. Yo pasé.

De los 30 que habíamos, pasamos 3 nada más. Ya sólo nos faltaba la prueba de los rayos X y la de “hacer pipí”. Esta última nos daba mucha vergüenza, porque estaban las monjas (enfermeras) al lado, entonces no podíamos “mear”. Como malamente pudimos y entre sonrojos, echamos unas gotas para que las examinaran. Aunque no lo parezcan y aunque me ría al contarlo, era duro.

Yo pasé los rayos X impecable. Pasó el segundo y le encontraron una mancha en un pulmón. Eso tampoco se olvida, porque es un amigo o un compañero tuyo, joven, y llora. Le dijo el doctor: “Yo no le puedo decir a usted que está sano completamente. Usted no puede ser aviador”. Cuando le dijo eso a ese muchacho, y él empezó a llorar. No era más que una mancha, nada grave, pero esa mancha en el pulmón, a 3.000 metros de altura en un avión de la época, hace que te duermas y que no puedas controlar el avión, que sangres por la boca y que te estrelles. El médico le dijo que entonces el culpable sería él, y que él no podía hacer eso… así que no le dejo continuar. El chaval lloró y se arrodilló, pero no sirvió de nada.

De “500 y pico” que éramos, vinimos a Alcantarilla muy pocos. Allí hicimos los 3 primeros cursos de aviación, las primeras veces que yo pilotaba un avión fue allí. Estuvimos 9 meses. Hicimos el curso de avión bombardero y de avión de combate.

Una vez terminados los cursos, en septiembre de 1938, a mí me envían a la quinta escuadrilla de combate de Cataluña. Nos vamos 7 aviadores graduados. Pasamos por Palma de Mallorca y de allí a Barcelona. Allí empezamos a hacer vuelos de guerra.

Te voy a decir una cosa, los vuelos de guerra no son nada fácil. Mueren más aviadores en batalla que soldados de tierra. Yo he tenido mucha suerte.

Allí combatíamos contra los alemanes y contra los italianos. Ellos, además, los de la Legión Cóndor y los de Camisas Negras de Mussolini, venían aquí también como entrenamiento, para preparase para la “Gran Guerra”.

Todos los días había 4 ó 5 combates, y combatíamos todos. Es muy doloroso, porque por las noches nos juntábamos todos a cenar, siempre a distinta hora, después de un día entero volando. Al día siguiente nunca estábamos los mismos, siempre faltaba alguien.

También había cosas graciosas, y es que antes de subir al avión te daban unas ganas tremendas de “mear”, entonces tú meabas y te subías al avión. Siempre, al subir, te daba mucho miedo… pero una vez has subido y que el motor se ha puesto en marcha, ya no tienes miedo… ya eres el aviador fuerte al que el enemigo persigue, ¡y tú tienes que perseguir al enemigo! Eso era lucha, combate. Teníamos 4 ametralladoras en cada avión, con 180 tiros por segundo… son muchos tiros. Nosotros teníamos que ir a por enemigo.

Después Franco trajo 120.000 de la Legión Cóndor alemana a España, porque se creía que íbamos a ganar nosotros la guerra. Trajo también 120.000 de Mussolini, y trajo también casi 200.000 árabes con carta blanca. ¿Tú sabes lo que quiere decir “carta blanca”?

No, no lo sé.

“Carta blanca” quiere decir que tú puedes entrar en una casa, cualquiera, y puedes hacer lo que quieras dentro, coger lo que quieras de dentro, violar a la mujer y matarla, si quieres. Eso es lo que es la carta blanca. Eso es lo que hacían los árabes enviados por Franco con nuestras mujeres… ¡eso nadie lo dice! Eso que tú me estás oyendo aquí, nadie lo dice ni lo oirás nunca, ni muchas cosas que yo estoy diciendo. ¿Por qué? Pues porque nunca han querido desvelar la verdadera historia de España, de esa época. Ése es el problema nuestro, el problema de España. Nunca os han enseñado la historia bien ensañada. En Francia, porque después me exilié a Francia, allí dan 2 horas semanales de historia del país, porque la historia de un país es la riqueza de un país, sea mala o buena. Nosotros pasamos 2 millones de españoles la guerra, luchamos en ella… y entre ellos yo. Y ésa es la historia de España, y nunca se ha enseñado bien.

Yo te lo cuento así, y no te miento Yo soy un hombre serio. Yo he hecho muchas cosas buenas, y he llevado muy buenos hábitos con mucha fuerza de voluntad. Por ejemplo, yo me levanto a las 5:30 de la mañana y hago una hora de gimnasia, todos los días.

¿Usted todas las mañanas hace 1 hora de gimnasia?

Yo, todas las mañanas, hago 1 hora de gimnasia y de estiramientos, aquí, en mi salón.

Hace usted más gimnasia que yo, entonces.

Pues yo hago gimnasia, y no pasa nada. Yo he estado en el doctor esta tarde y me ha dicho que no pasa nada, que estoy muy bien… y aquí me tienes.

Bueno, usted estuvo exiliado en Francia, ¿no?

Sí, a mí el avión me lo quemaron el 5 de febrero de 1939, apunto de acabar la guerra. Vino una escuadrilla y nos pegaron muchos tiros, y me quemaron el avión.

A nosotros no nos quedó otra que irnos a pie, y cruzamos los Pirineos a pie.

¿Cruzaron ustedes los Pirineos a pie?

Cruzamos los Pirineos a pie, y en Febrero. Había mucha nieve y mucho frío. Había muchas mujeres, muchos niños, muchos viejos… y nosotros jóvenes. Muchos gritos y muchos llantos. Había muchos que se caían y se quedaban muertos en el suelo, y tú seguías “palante”. Eso lo he pasado yo, yo y todos los que íbamos allí. Allí no hacías caso de nadie, ya no te importaba nada.

Cruzábamos la frontera en donde había muchos gendarmes franceses. Nos dijeron que si llevábamos armas que las tirásemos. Yo ya no llevaba armas ninguna, y casi nadie llevaba, pero me dio mucha pena ver a un teniente coronel que llevaba una pistola y se la quitaron. Aquel hombre lloró. Esa pistola era la mitad de él, lo único que le quedaba para defenderse o defender a los que estábamos allí… no quería separarse de ella.

Creo que lo que más pena le daba a este hombre era sentir que había sido derrotado, y que estaba en un país en donde ni sus armas ni sus cargos servían para nada.

Allí llegamos aun campo de concentración donde nos tenían refugiados, porque claro, ¿dónde mete el gobierno de Francia a tantos españoles que han llegado allí de repente, sin que nadie lo esperara? Pues estuvimos en un campo de 6 kilómetros cuadrados de arena de playa, bebiendo agua del mar y comiendo el pan que nos tiraban desde camiones, como si fuéramos perros. Nos pusimos todos muy enfermos. Acabamos más muertos de lo que estábamos. Nos íbamos de nuestro país porque nos mataban, pero allí nos estábamos muriendo igual.

Como te he dicho, bebíamos agua del mar, y nos entraba a todos una diarrea que vivíamos con los pantalones abajo para ahorrar tiempo.

A los aviadores, después, nos mandaron a un campo mejor, con cabañas… pero seguía siendo un campo.

De los campos me escapé 3 veces, y 2 me volví porque no encontraba trabajo ni tenía que comer, y por lo menos en el campo tenía donde dormir y tenía platos de lentejas con moscas, con más moscas que lentejas, pero lentejas. Allí, por cierto, no mirabas al comer, cerrabas los ojos y tragabas… y por lo menos comías.

Una de las veces que me escapé intenté ir hacia Inglaterra, porque necesitaban aviadores para la Gran Guerra, pero los alemanes nos sorprendieron cuando íbamos a embarcar y tuvimos que refugiarnos en las montañas. Pasamos de beber agua del mar a beber agua de lluvia.

Éramos 7 aviadores que ya ni nos reconocíamos de lo cambiados que estábamos. No nos quedó otra que volvernos.

Una vez en el campo vinieron alemanes para “secuestrarnos” a los más fuertes. Querían que construyéramos cabañas en los campos de concentración para los judíos. En una misma cabaña dormían hasta 60 judíos, por cierto.

Nos volvieron a examinar físicamente, aunque esta vez no de forma tan minuciosa, y nos llevaron a trabajar. Ahora simplemente nos tocaban las piernas y los riñones, y si estábamos fuertes nos llevaban.

Estuvimos en los “altos hornos”, donde se cogen las piedras, las minas. En los hornos hacíamos el hierro y lo cargábamos en cubos de 80 kilos. Nosotros íbamos desnudos arrastrando con cadenas cubos de 80 kilos de hierro… éramos esclavos, esclavos de los alemanes. Cada día movíamos 90 toneladas de hierros.

Yo estuve malo, y me escapé hacia Burdeos. Allí decían que había muchos aviadores, y así era. Pero allí se estaba muy mal.

Yo he sido siempre un hombre rebelde, un hombre de libertad… me ha gustado siempre todo, menos la esclavitud. Por eso me fugué.

Todos los días andábamos 20 kilómetros para ir a la estación e ir a trabajar al muelle. Todos los días. Un día tuvimos la mala suerte de que estaban los trenes llenos de vagones de esclavos… presos. Nos confundieron con ellos, me refiero a mis amigos y a mí. Nos pegaron “un par de guantás” y nos metieron en los vagones… y otra vez presos.

Nos pusieron firmes, y estuvimos firmes durante 8 horas. Era una especie de castigo o forma de disciplina. Teníamos un perro enfrente, un perro enorme, que cuando alguno se movía un poco el perro ladraba, y si te descuidabas se te echaba encima y te mataba.

Después de esas 8 horas vino un coronel alemán que hablaba español y me preguntó que por qué me escapaba del vagón. Yo le expliqué que no iba en el vagón, pero él no me creyó. Nos empezaron a llamar “criminales” y a gritarnos. Nos dijeron que nos iban a devolver al campo para que nos fusilaran.

Le pedimos que nos llevaran a donde fuera menos al campo. Nos llevaron a Hamburgo. En Hamburgo, en la puerta de uno de los campos, porque en definitiva íbamos a otro campo pero en otro país, habían 2 puertas… por una pasaban los jóvenes y fuertes, para ir a trabajar, y por otra los viejos e inútiles, para ser matados y quemados. Murió mucha gente. Yo, como era joven, me tuvieron trabajando.

Allí estuve como 4 años, y estaba peor que en Francia. Pero el 15 de agosto de 1943 yo fui libre, el más libre del mundo… pero no tengo 1 céntimo y no sé que hacer. Yo quería morir.

A partir del 15 de agosto, cuando usted fue libre, ¿se dedicó a algo? ¿Cómo se ganó la vida?

Yo fui a buscar a un primo lejano de mi madre. Lo vi, cené aquella noche con él. Me dio 2 huevos fritos, que para mí y después de todo era todo un lujo. Me puso a trabajar con él, en la construcción como albañil. Cuando yo estaba allí, poniendo ladrillos, me dije a mí mismo: “Castejón, tú no has nacido para esto”. Cogí y me marché. Me fui al sur de Francia y me apunté a luchar contra los españoles de Franco en los Pirineos.

Yo mismo me volví a decir: “Castejón, matarte tú no te vas a matar. Vuelve a luchar en la guerra y que si mueres que haya servido para algo”. Si me mataban, los pájaros irían y me comerían… al menos habré servido para algo.

La noche de antes me fui a un bar. Me senté en la barra, no conocía a nadie, y de repente viene alguien y me toca el hombro por detrás. Era un compañero de la 108.

Me preguntó que qué hacía yo ahí, y le dije que yo estaba aburrido ya, y que iba a pedir la muerte. Le conté que me iba a luchar contra Franco, de nuevo, y me dijo que estaba loco. Me convenció para unirme a él e irme a Marsella. Los americanos estaban pidiendo hombres para descargar armas de los camiones, y allí nos fuimos a trabajar. Antes de irme cogí el reloj de aviador, lo hipotequé, y con el dinero me marché. Me dieron 2.000 francos.

Llegamos en noviembre, estaba lloviendo. Encontramos un hotel de españoles. Nos costó 3 pesetas pasar la noche.

La mujer, dueña del hotel, estaba llorando. Su sobrino, también español, lo mataron en uno de los campos. Eso fue lo que le hizo cogernos cariño, nos comparaba con su sobrino.

Para empezar vino con una olla y un pollo asado. Eso para nosotros era gloria bendita, hacía años que no comíamos algo decente. Esa noche, además, dormimos como reyes. Hacía casi 12 años que no dormíamos en una cama, y casi en una casa, y ahora estábamos durmiendo en una litera con sábanas blancas y limpias. Olían de maravilla.

Por la mañana desayunamos con la señora y estuvimos hablando con ella. Le pedimos que nos buscara una habitación que alquilar en la ciudad. Nosotros teníamos trabajo, pero no teníamos dónde dormir, por lo menos no a largo plazo. Nosotros queríamos alquilar una habitación.

Esta señora nos buscó una habitación en una casa en donde vivían 2 mujeres solas. Nos alquilaron una habitación de 25 metros con  una cama “muy hermosa”. Estuvimos los 2 juntos, más de un año viviendo, pero él se fue a la frontera. Creo que volvió a España, pero yo me quedé. No quería salir ya de ahí, ahora que yo estaba bien.

Yo, por aquel entonces, ya tenía novia y quería casarme. Compré la casa de estas señoras, viví con mi mujer hasta hace unos años que ella murió. Ahora mismo mi sobrino vive allí.

Para acabar, si de todo esto que usted ha vivido que me ha contado tuviera que quedarse con algo, ¿con qué se quedaría? Es decir, ¿qué es lo más duro que usted ha vivido o lo que más le ha impresionado?

Por supuesto, todo lo que viví en los campos. Allí había muchos muertos y nosotros estábamos trabajando como esclavos. Muchos morían del mismo cansancio, debido al trabajo, y a otros los mataban cuando se rompían un hueso o no podían trabajar más. Había niños, mujeres, viejos… pero todos nosotros éramos esclavos, no personas.

Nunca me canso de decirlo: yo tuve mucha suerte de salir vivo de allí. No todos pueden decir lo mismo.

9 comentarios
  1. ana dijo:

    Albaro, que grande eres

    • Gracias, pero “Albaro” es con V… jajajajaja.

      Un abrazo.

  2. Mi más sincera enhorabuena. Un artículo impresionante.

    • Gracias, Emilio :D.

      Es un hombre muy interesante. Me regaló un libro con toda su historia, pero no quiere que lo publique (dice que sólo tienen ejemplares miembros de su familia y, ahora, yo), pero cuando acabe de leerlo podré añadir un par de cosillas más a la entrevista.

      Un abrazo.

  3. croom dijo:

    Muy buen articulo, Felicidades!!

    • Gracias ;D.

  4. Tomás dijo:

    Magnífica trabajo y magnífica historia. Felicidades a los dos.

    • Gracias, papá ;D

  5. Antonio dijo:

    Hola, magnifica entrevista, una pena la grabación del video. Como aficionado a la aviación, me gustaría saber, en que base estaba destinado Castejón y que tipo de avión fué el que voló…¿sería posible? muchas gracias

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