Vuelvo a tener fiebre: ahora también soy fan de Moleskine

Sí, sí, es esta.

Si habéis visto la entrada anterior (la galería de fotos de mi viaje a Francia), habréis visto que hay dos fotos en las que parece una libreta o agenda negra con una franja verde… exacto. Se trata de mi Moleskine.

Antes de nada he de decir que lo hice porque la vi y no pude controlarme… estaba a un precio de 15€, la cogí y la compre. Luego recordé que en España valen 10€, pero a decir verdad, nunca había visto una en una tienda (siempre las he visto por internet).

Para quien no lo sepa muy bien, Moleskine es una marca italiana (aunque de nombre anglosajón) de libretas, en su mayoría, especiales para dibujar o pintar (también las hay para escribir u organizar). Aunque la marca es moderna (creo que se remonta a los años 80′), se fabrican a mano y con la misma técnica que en los siglos XVII, XVIII y XIV, por no decir que una vez que le quitas la franja verde de papel con el logotipo de la marca y especificaciones de la libreta, es idéntica a las que usaban, por ejemplo, Goya o Picasso.

No por dibujar en una Moleskine vas a ser un gran artista, ni te van a galardonar como a Goya o a Picasso. Lo más importante de todo es lo que dibujas y cómo lo dibujas, y no tanto dónde lo dibujas (aunque algo cuenta). Poniéndonos sinceros y contradiciéndome un poco, he de reconocer que en cuanto llegué del viaje, le quité la cinta verde y empecé a dibujar me encantaba, cada minuto que pasaba, más mi Moleskine. El papel es muy agradecido, sobre todo para trabajar con lápiz. Es muy fácil deslizar el dedo y difuminar (lógicamente, hablo de que es más fácil que hacerlo en cualquier otro tipo de papel), o realizar un trazo más suave y contundente con un lápiz, carbonicllo, bolígrafo, rotulador o incluso pincel.

Ahora, allá donde quiera que vaya, llevo mi bonita y elegante Moleskine.

Otra cosa más referente al título de la entrada. Digo que “vuelvo a tener fiebre” porque me ha vuelto a dar mi vena de las pijerías. Hace un año y pico me enamoré de algo elegante y caro, como es mi iMac, y ahora me he enamorado de algo nuevamente elegante y nuevamente caro, mi Moleskine (aunque sigo profundamente enamorado de mi iMac, lógicamente). Esto es una enfermedad.

PD: En Google+ he abierto un álbum de dibujos que ya he realizado con esta nueva adquisición, con la que todavía me quedan muchas y muchas historias que contar y que iré poco a poco añadiendo ahí.

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